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martes, septiembre 12, 2006

JUEVES 14 CHARLA SOBRE EL FENOMENO BLOG Y LA EMPRESA

 
COMO INCREMENTAR LAS VENTAS
 MEDIANTE EL USO DE BLOGS EN LAS EMPRESAS
CHARLA EN SOFOFA RESERVE SU INSCRIPCION

 

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CHARLA “EL FENOMENO BLOGS Y LA EMPRESA
Una forma de agregar valor corporativo

 FECHA: Jueves 14 de Septiembre
 HORARIO: 8:45  a  11:45 horas
 LUGAR: Salón Fundación SOFOFA: Agustinas 1357 – piso 12, Santiago. (*)
 VALORES: $50.000.-  descuento de 10% a los socios de la SOFOFA, a los participantes adheridos al  OTIC de la SOFOFA.
 DIRIGIDO A: Directivos, gerentes, ejecutivos, abogados, relacionadores públicos, publicistas y toda persona interesada en el uso de las nuevas tecnologías como forma de comunicación.

Objetivo General: Conocer esta herramienta en beneficio de la Empresa

 TEMARIO:

  • Blogs, un fenómeno on-line
  • Para qué sirve un blog: moda o realidad
  • Cómo se relaciona la Empresa con el fenómeno Blog
  • Qué aplicaciones tienen los Blogs en la Empresa
  • Blogs para comunicaciones internas
  • Blogs en la orientación comercial de la Empresa
  • Blogs v/s sitios corporativos
  • Herramientas para crear un Blog Corporativo
  • Diferencias con el periodismo tradicional
  • Publicidad en Blogs
  • 7 razones por las cuales una Empresa debería tener un Blog
  • Incrementar ganacias mediante un Blog

 RELATOR:
Rodrigo González Fernández, formado en las ciencias agrícolas y del derecho es empresario y consultor en las áreas jurídicas – empresariales y de las tecnologías. Ha desarrollado el estudio de los blogs en Chile y en el extranjero, llegando a crear más de 40 blogs temáticos en diversas áreas. Es miembro de asociaciones internacionales en el tema.

 INFORMACIONES:
Teléfonos: (2) 673 3192 - 697 0137
Fax : (2) 698 7803

E-mail:
rsoto@fundacionsofofa.cl

(*) Estacionamiento público sugerido: Amunátegui esquina Huérfanos - De costo del participante.
2 cuadras metro Moneda.

 

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Es difícil construir la convivencia, pero nuestros países la merecen"

 

Kirchner tras cita con Bachelet: "Es difícil construir la convivencia, pero nuestros países la merecen"
Fuente :DPA
Luego de la reunión bilateral en Mendoza, la mandataria chilena resaltó la importancia de integración con Argentina.



Mendoza (Argentina).- Los presidentes de Chile, Michelle Bachelet, y de Argentina, Néstor Kirchner, reafirmaron hoy sus coincidencias sobre la "integración regional" pese a los conflictos que se originaron en los últimos tiempos entre ambos países por las exportaciones de gas y la demarcación en los mapas de los Campos de Hielo.

Tras un encuentro de cerca de una hora que sostuvieron en la ciudad argentina de Mendoza, Bachelet calificó de "esencial" la integración y agregó que la cordillera de los Andes "separa, pero también une". Destacó la "integración de ambos países" y aseguró que "ahora es tiempo de concretarla".

Por su parte, el Presidente Néstor Kirchner señaló que "integrarse no es fácil. Tiene sus idas y vueltas. Es necesario discutir y acordar. Como es necesario compatibilizar intereses hay que discutir. Eso no es fácil. La integración debe ser ejecutada en acciones concretas. Debe ser analizada como proceso sin que las dificultades la interrumpan", manifestó Kirchner. Agregó que "estos presidentes creen profundamente en esta alianza. Es difícil construir la convivencia, pero nuestros países la merecen".

Al dirigirse particularmente a Bachelet, Kirchner agregó: "Yo estoy convencido que usted, en el caso nuestro también, y en el caso de todas las voluntades democráticas de ambos países, estamos absolutamente dispuestos con temple, con madurez y con responsabilidad, pero sin hipocresía, sino con absoluto sinceramiento y a veces con el dolor de la crudeza, a ir resolviendo todos los temas de controversia de intereses que podamos tener".

Kirchner subrayó que "el proceso de integración" que está en marcha "no puede ser detenido" y agregó que entre la Argentina y Chile superarán todos los eventuales "obstáculos" que se crucen en el camino.

En ese sentido, el jefe de Estado destacó la "madurez" del diálogo binacional tendiente a potenciar el vínculo y juzgó que la integración "debe ser ejecutada en cuestiones concretas, antes que ser vacíamente declarada".

Licitación del tren trasandino

Los dos mandatarios sudamericanos pronunciaron discursos hoy al término de un acto en el que procedieron a llamar a licitación para el proyecto de tren trasandino, una nueva vía de comunicación entre las dos naciones.

Sobre este proyecto Bachelet comentó que "es un sueño de muchos años, muy importante" e insistió con "la tenaz vocación" de argentinos y chilenos para "encontrarse y trabajar juntos".

En su mensaje, Bachelet expresó "el firme compromiso" de su gobierno de seguir esforzándose para que argentinos y chilenos valoren en las tareas de cada día esa amistad y solidaridad.

La mandataria chilena destacó también la "magnitud de la obra" acordada hoy, en referencia al tren trasandino, y recordó que junto al paso Cristo Redentor y la conclusión de las obras en el Paso Pehuenche los dos países pasarán, en breve, de una a tres alternativas de desplazamiento. "Nos acercaremos a triplicar la capacidad de comercio en la zona central", recalcó.

Según la agencia estatal Télam, Kirchner estuvo acompañado por su esposa, la senadora Cristina Fernández; el jefe de Gabinete Alberto Fernández; el canciller Jorge Taiana; el ministro de Planificación Julio De Vido; y los secretarios de Combustible, Cristian Folgar; de Obras Públicas, José López y de Minería, Jorge Mayoral, entre otras autoridades.

Por su parte, Bachelet llegó con una delegación compuesta por el canciller subrogante Alberto Van Klaren; el secretario general del gobierno, Ricardo Lagos Weber; el ministro de Obras Públicas, Eduardo Bitrán; el intendente de Valparaíso, Iván de la Maza; y el embajador de Chile en Argentina, Luis Maira.

El encuentro se produjo en el establecimiento bodeguero Trivento, ubicado en el distrito agrícola de Rusell de Maipú.

El gobernador de Mendoza, Julio Cobos, destacó la "decisión política" de Kirchner y Bachelet de unir ambos países con la planificación del tren trasandino.

"Lo más importante es la decisión política de quienes hoy conducen ambos Estados, con su visión estratégica y con la certeza de que juntos pueden hacer cosas que solos no podrían hacer", reflexionó Cobos.

Unánime respaldo de la Comisión de Gobierno a la idea de legislar sobre la nueva Región de Los Ríos

 

Unánime respaldo de la Comisión de Gobierno a la idea de legislar sobre la nueva Región de Los Ríos

Las indicaciones que presentó el Ejecutivo para incorporar a Osorno y readecuar dos distritos electorales deberán ser debatidas en la sala cuando se discuta en general la iniciativa.

Con el voto unánime de la totalidad de sus integrantes, la Comisión de Gobierno del Senado, que preside el senador Víctor Pérez, aprobó la idea de legislar sobre el proyecto, en segundo trámite, que crea la nueva Región de Los Ríos y la provincia de Ranco.Con esto, la iniciativa quedó en condiciones de ser discutida en general por la sala del Senado durante las primeras semanas de octubre, oportunidad en que también se analizarán las indicaciones que presentó el Ejecutivo para incorporar a la provincia de Osorno a la nueva región y readecuar dos distritos electorales.
En la sesión de hoy estuvieron presentes los senadores Jaime Orpis, Carlos Bianchi, Ricardo Núñez, Hosaín Sabag y Víctor Pérez - además de los diputados de la zona- , quienes escucharon de boca del Ministro del Interior subrogante, Felipe Harboe, y de la Subsecretaria de Desarrollo Regional, Claudia Serrano, los alcances de las indicaciones presentadas por el gobierno.
Cabe recordar que el texto legal que llegó al Senado desde la Cámara de Diputados no consideraba a la provincia de Osorno en la nueva Región, pero sí contemplaba a las de Valdivia y Ranco. Ello provocó un fuerte movimiento ciudadano de los osorninos para conseguir su incorporación a la nueva región, pero con la condición de que la provincia de Ranco quedara fuera.
Finalmente, el Ejecutivo envió una indicación en la que establece que se creará la XIV Región de Los Ríos, cuya capital será Valdivia, y que comprenderá las provincias de Valdivia, de Ranco y de Osorno.
Agrega que la provincia de Valdivia comprenderá las comunas de Valdivia, Mariquina, Lanco, Los Lagos, Corral, Máfil y Panguipulli, teniendo como capital a Valdivia; mientras que la provincia de Ranco comprenderá las comunas de La Unión (capital), Paillaco, Futrono, Río Bueno y Lago Ranco.

 

En tanto, la provincia de Osorno comprende las comunas de Osorno (capital), San Pablo, Puyehue, Río Negro, San Juan de la Costa, Purranque y Puerto Octay.

 

Dada la nueva estructura territorial y para evitar que algunos distritos electorales quedaran con comunas en la Región de Los Ríos y otras en la Región de Los Lagos, el Ejecutivo propuso traspasar del distrito 56 al 55 las comunas de Puerto Octal, Purranque, Puyehue y Río Negro, quedando este constituido además por las comunas de Osorno, san Juan de la Costa y San Pablo. En tanto, el distrito 56 quedó constituido por las comunas de Fresia, Frutillar, Llanquihue, Puerto Varas y Los Muermos.

 

INTENSO DEBATE
Pese a que el proyecto fue aprobado en general por la unanimidad de los integrantes de la Comisión de Gobierno, el presidente de la instancia parlamentaria señaló que “los cinco senadores hicimos ver nuestras aprensiones sobre un proyecto que al parecer tiene muchos temas muy conflictivos”.

 

En tal sentido, el senador Pérez advirtió que “la incorporación de la provincia de Osorno no es una cosa fácil que cuente con la simpatía de la provincia de Osorno y tampoco el hecho de que se incorpore Osorno tiene mucha simpatía en Valdivia. La creación de una nueva provincia como Ranco también tiene grados de dificultades, pues algunas comunas como Paillaco, que quedaron en esa provincia, quieren estar en la provincia de Valdivia”.

 

Agregó que “este es un proyecto que tiene muchos ruidos y le planteamos al gobierno que tiene que haber un trabajo muy importante para que cuando en la sala se debata en general y en particular no tengamos problemas para aprobarlo o sea aprobado por una votación estrecha”.

 

Al respecto, el legislador señaló que “cuando uno está en la organización administrativa del país, lo que se busca es que haya un acuerdo y un consenso muy amplio de todos los sectores para que la estructura administrativa responda a los intereses del país y por eso le hicimos ver al gobierno nuestra preocupación, porque si se avanzó en ese camino tenemos que hacerlo bien y por lo tanto el debate lo hemos trasladado hasta la sala con el conjunto de indicaciones”.
                                                                          
Por su parte, la Subsecretaria Serrano señaló que “los senadores nos hicieron ver de que no va a ser sin debate la discusión de este proyecto y el Ejecutivo tiene perfecta claridad, porque efectivamente la comunidad valdiviana y la osornina son vitales y tienen mucha posición y no es tan fácil complacer a las distintas propuestas de ambas provincias”.

 

Agregó, que pese a ello, “fue una votación unánime en el sentido de la voluntad de legislar y que el proyecto vaya a discusión a la sala y después trabajar en detalle las indicaciones. El proceso legislativo permite mejorar el proyecto. Nosotros estamos estableciendo indicaciones y si nuestra deliberación nos conduce a pensarlo así, podrían haber nuevas indicaciones si eso mejora el proyecto”, puntualizó.

¿Hay que pagar por usar Internet?

 

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Operadoras y compañías de contenido discuten quién debe financiar la banda ancha

P. F. DE L. / R. M.
NEGOCIOS - 10-09-2006
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Una usuaria de Internet copia archivos desde un sistema de intercambio, en Internet.
Una usuaria de Internet copia archivos desde un sistema de intercambio, en Internet.
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"El usuario menos activo está subvencionando al más activo", dice Julio Linares. El 80% de su red se debe al intercambio de archivos
Telefónica avisa: si le obligan a compartir su nueva red, tendrá que limitar la velocidad de descarga o cobrar por ella

Las operadoras de telecomunicaciones se han plantado: dicen estar cansadas de invertir dinero y esfuerzo en mantener sus redes, mientras empresas como Google o Ebay hacen dinero, y los usuarios lo ahorran (compartiendo archivos a través de las redes de intercambio como eMule). El debate se denomina, técnicamente, "neutralidad de la red". Pero se resume en una simple pregunta: ¿deben pagar más quienes más utilizan Internet?

Más de mil millones de personas son ya usuarias de Internet, una cifra que ha crecido un 182% entre 2000 y 2005. Y ya hay 80 millones de páginas web, entre portales, buscadores, servicios de correo, tiendas o blogs. Todo este crecimiento tiene mucho que ver con la misma estructura de la Red, que es neutral. Eso significa que toda la información que viaja por ella es tratada en condiciones de igualdad, independientemente de quien la emita y la reciba, y de cuál sea su contenido. Nadie tiene prioridad; da igual que sea Google, Telefónica o un blogger adolescente. Esta democracia de redes es la razón de la exuberancia de contenidos en Internet, pero es también el motivo de enfado de las operadoras de telecomunicaciones. Están hartas de ser simples carreteras. Si los usuarios reclaman más ancho de banda, van a empezar a cobrar peaje.

Las compañías de contenidos (como Google, Ebay o Yahoo!) y las grandes telecos discuten desde hace meses en el Senado estadounidense si la neutralidad de la Red debe garantizarse por ley, como quieren las primeras, o si se debe permitir a las operadoras cobrar más a quien consuma más ancho de banda, incluidos los usuarios que intercambian archivos gracias a programas como eMule o BitTorrent.

Aviso para navegantes

El debate ya ha saltado el charco, y Telefónica ha lanzado el primer aviso para navegantes. Si el regulador la obliga a compartir las nuevas infraestructuras de fibra óptica que está tendiendo para atender la demanda de capacidad, habrá que estudiar limitar las descargas de Internet, bien reduciendo la velocidad o bien cobrando más a quien realice un uso intensivo.

Es decir, que se podría acabar el café para todos de la tarifa plana, que daría lugar a un modelo en el que paga más el que más descarga.

La operadora española ha estado negándose, durante años, a desvelar qué parte del tráfico de su red lo genera el intercambio de archivos, entre otras razones porque podría provocar que las entidades que gestionan derechos de autor le exigieran parte de esa tarta. Telefónica, ahora, sí desglosa esos números: el 80% del tráfico procede del 15% de los clientes, los que utilizan redes P2P. "El usuario menos activo está subvencionando al más activo. Nos encontramos en nuestra red con tráfico que nos obliga a dotarla de más inteligencia, a más inversión, si es que queremos preservar la calidad y la seguridad de nuestros usuarios", aseguraba esta misma semana en Santander Julio Linares, director general de Telefónica. Arturo Dopico, consejero delegado de R, el operador de cable gallego, incide en la idea: "¿Por qué paga lo mismo un abonado que lee su correo electrónico que otro que está realizando descargas 24 horas?". Reconoce que la solución no es sencilla: "Es una situación injusta pero inevitable. Si intentáramos discriminar a los clientes por tráfico no tardarían en buscar otra compañía que no lo hiciera".

Las empresas de contenidos lo ven de otra manera. Creen que las operadoras quieren crear cotos privados, dando prioridad a sus servicios frente a los del resto. "Ahora, los consumidores deciden. Sin la neutralidad, Internet será como la televisión por cable: serán los barones del ancho de banda quienes decidan", dice la plataforma Salvemos Internet. Y los expertos creen que acabar con la neutralidad de la Red, además, dañaría la innovación. "Internet es lo que es gracias a la neutralidad. Un mercado es libre si en él todos compiten en condiciones de igualdad. Lo que se pretende ahora es distorsionar las leyes del mercado, dejando que sea el proveedor de la red quien decida qué contenido viaja más rápido", explica Enrique Dans, profesor del Instituto de Empresa.

Las telecos advierten de que cada vez hay más contenido en Internet, y más personas conectadas a ella. Las redes están cercanas a la congestión, y ellas no están dispuestas a financiar su mejoría. "Los proveedores de la red y los de contenidos deben llegar a un acuerdo", opina Francisco Carvajal, socio de Accenture. Probablemente se llegue a una situación en la que se segmenten los contenidos y servicios según su calidad, continúa. Pero, ¿por qué se ha planteado este debate precisamente ahora? "Internet se ha desarrollado sobre las redes [las de las operadoras] sin que ellos hayan participado de ello, y eso no les gusta nada. Quieren recuperar el control", opina Dans.

SALUDOS RODRIGPO FONZÁLEZ  fERNÁNDEZ, CONSULTAJURIDICA.BLOGSPOT.COM SANTIAGO CHILE

Chile, el golpe y los gringos. Crónica de una tragedia organizada, por Gabriel García Márquez

Chile, el golpe y los gringos. Crónica de una tragedia organizada, por Gabriel García Márquez

Fecha: septiembre 12, 2006

A fines de 1969, tres generales del Pentágono cenaron con cuatro militares chilenos en una casa de los suburbios de Washington. El anfitrión era el entonces coronel Gerardo López Angulo, agregado aéreo de la misión militar de Chile en los Estados Unidos, y los invitados chilenos eran sus colegas de las otras armas. La cena era en honor del Director de la escuela de Aviación de Chile, general Toro Mazote, quien había llegado el día anterior para una visita de estudio. Los siete militares comieron ensalada de frutas y asado de ternera con guisantes, bebieron los vinos de corazón tibio de la remota patria del sur donde había pájaros luminosos en las playas mientras Washington naufragaba en la nieve, y hablaron en inglés de lo único que parecía interesar a los chilenos en aquellos tiempo: las elecciones presidenciales del próximo septiembre. A los postres, uno de los generales del Pentágono preguntó qué haría el ejército de Chile si el candidato de la izquierda Salvador Allende ganaba las elecciones. El general Toro Mazote contestó: "Nos tomaremos el palacio de la Moneda en media hora, aunque tengamos que incendiarlo". Uno de los invitados era el general Ernesto Baeza actual director de la Seguridad Nacional de Chile, que fue quien dirigió el asalto al palacio presidencial en el golpe reciente, y quien dio la orden de incendiarlo. Dos de sus subalternos de aquellos días se hicieron célebres en la misma jornada: el general Augusto Pinochet, presidente de la Junta Militar, y el general Javier Palacios, que participó en la refriega final contra Salvador Allende. También se encontraba en la mesa el general de brigada aérea Sergio Figueroa Gutiérrez, actual ministro de obras públicas, y amigo íntimo de otro miembro de la Junta Militar el general del aire Gustavo Leigh, que dio la orden de bombardear con cohetes el palacio presidencial. El último invitado era el actual almirante Arturo Troncoso, ahora gobernador naval de Valparaíso, que hizo la purga sangrienta de la oficialidad progresista de la marina de guerra, e inició el alzamiento militar en la madrugada del once de septiembre.

Aquella cena histórica fue el primer contacto del Pentágono con oficiales de las cuatro ramas chilenas. En otras reuniones sucesivas, tanto en Washington como en Santiago, se llegó al acuerdo final de que los militares chilenos más adictos al alma y a los intereses de los Estados Unidos se tomarían el poder en caso de que la Unidad Popular ganara las elecciones. Lo planearon en frío, como una simple operación de guerra, y sin tomar en cuenta las condiciones reales de Chile.

El plan estaba elaborado desde antes, y no sólo como consecuencia de las presiones de la Internacional Telegraph & Telephone (I.T.T), sino por razones mucho más profundas de política mundial. Su nombre era "Contingency Plan". El organismo que la puso en marcha fue la Defense Intelligence Agency del Pentágono, pero la encargada de su ejecución fue la Naval Intelligency Agency, que centralizó y procesó los datos de las otras agencias, inclusive la CIA, bajo la dirección política superior del Consejo Nacional de Seguridad. Era normal que el proyecto se encomendara a la marina, y no al ejército, porque el golpe de Chile debía coincidir con la Operación Unitas, que son las maniobras conjuntas de unidades norteamericanas y chilenas en el Pacífico. Estas maniobras se llevaban a cabo en septiembre, el mismo mes de las elecciones y resultaba natural que hubiera en la tierra y en el cielo chilenos toda clase de aparatos de guerra y de hombres adiestrados en las artes y las ciencias de la muerte.

Por esa época, Henry Kissinger dijo en privado a un grupo de chilenos: "No me interesa ni sé nada del Sur del Mundo, desde los Pirineos hacia abajo". El Contingency Plan estaba entonces terminado hasta su último detalle, y es imposible pensar que Kissinger no estuviera al corriente de eso, y que no lo estuviera el propio presidente Nixon.

Ningún chileno cree que mañana es martes

Chile es un país angosto, con 4.270 kilómetros de largo y 190 de ancho, y con 10 millones de habitantes efusivos, dos de los cuales viven en Santiago, la capital. La grandeza del país no se funda en la cantidad de sus virtudes, sino el tamaño de sus excepciones. Lo único que produce con absoluta seriedad es mineral de cobre, pero es el mejor del mundo, y su volumen de producción es apenas inferior al de Estados Unidos y la Unión Soviética. También produce vinos tan buenos como los europeos, pero exportan poco porque casi todos se los beben los chilenos. Su ingreso per cápita, 600 dólares, es de los más elevados de América Latina, pero casi la mitad del producto nacional bruto se lo reparten solamente 300.000 personas. En 1932, Chile fue la primera república socialista del continente, y se intentó la nacionalización del cobre y el carbón con el apoyo entusiasta de los trabajadores, pero la experiencia sólo duró 13 días. Tiene un promedio de un temblor de tierra cada dos días y un terremoto devastador cada tres años. Los geólogos menos apocalípticos consideran que Chile no es un país de tierra firme sino una cornisa de los Andes en una océano de brumas, y que todo el territorio nacional, con sus praderas de salitre y sus mujeres tiernas, está condenado a desaparecer en un cataclismo.

Los chilenos, en cierto modo, se parecen mucho al país. Son la gente más simpática del continente, les gusta estar vivos y saben estarlo lo mejor posible, y hasta un poco más, pero tienen una peligrosa tendencia al escepticismo y a la especulación intelectual. "Ningún chileno cree que mañana es martes", me dijo alguna vez otro chileno, y tampoco él lo creía. Sin embargo, aún con esa incredulidad de fondo, o tal vez gracias a ella, los chilenos han conseguido un grado de civilización natural, una madurez política y un nivel de cultura que son sus mejores excepciones. De tres premios Nobel de literatura que ha obtenido América Latina, dos fueron chilenos. Uno de ellos, Pablo Neruda, era el poeta más grande de este siglo. Todo esto debía saberlo Kissinger cuando contestó que no sabía nada del sur del mundo, porque el gobierno de los Estados Unidos conocía entonces hasta los pensamientos más recónditos de los chilenos. Los había averiguado en 1965, sin permiso de Chile, en una inconcebible operación de espionaje social y político: el Plan Camelot. Fue una investigación subrepticia mediante cuestionarios muy precisos, sometidos a todos los niveles sociales, a todas las profesiones y oficios, hasta en los últimos rincones del país, para establecer de un modo científico el grado de desarrollo político y las tendencias sociales de los chilenos. En el cuestionario que se destinó a los cuarteles, figuraba la pregunta que cinco años después volvieron a oír los militares chilenos en la cena de Washington: "¿Cuál será la actitud en caso de que el comunismo llegue al poder? -La pregunta era capciosa. Después de la operación Camelot, los Estados Unidos sabían a cierta que Salvador Allende sería elegido presidente de la república.

Chile no fue escogido por casualidad para este escrutinio. La antigüedad y la fuerza de su movimiento popular, la tenacidad y la inteligencia de sus dirigentes, y las propias condiciones económicas y sociales del país permitían vislumbrar su destino. El análisis de la operación Camelot lo confirmó: Chile iba a ser la segunda república socialista del continente después de Cuba. De modo que el propósito de los Estados Unidos no era simplemente impedir el gobierno de Salvador Allende para preservar las inversiones norteamericanas. El propósito grande era repetir la experiencia más atroz y fructífera que ha hecho jamás el imperialismo en América Latina: Brasil.

Doña cacerolina se echa a la calle

El 4 de septiembre de 1970, como estaba previsto, el médico socialista y masón Salvador Allende fue elegido presidente de la república. Sin embargo, el Contingency Plan no se puso en práctica. La explicación más corriente es también la más divertida: alguien se equivocó en el Pentágono, y solicitó 200 visas para un supuesto orfeón naval que en realidad estaba compuesto por especialistas en derrocar gobiernos, y entre ellos varios almirantes que ni siquiera sabían cantar. El gobierno chileno descubrió la maniobra y negó las visas. Este percance, se supone, determinó el aplazamiento de la aventura. Pero la verdad es que el proyecto había sido evaluado a fondo: otras agencias norteamericanas, en especial la CIA y el propio embajador de los Estados Unidos en Chile, Edward Korry, consideraron que el Contingency Plan era sólo una operación militar que no tomaba en cuenta las condiciones actuales de Chile.

En efecto, el triunfo de la Unidad Popular no ocasionó el pánico social que esperaba el Pentágono. Al contrario, la independencia del nuevo gobierno en política internacional, y su decisión en materia económica, crearon de inmediato un ambiente de fiesta social. En el curso del primer año se habían nacionalizado 47 empresas industriales, y más de la mitad del sistema de créditos. La reforma agraria expropió e incorporó a la propiedad social 2.400.000 hectáreas de tierras activas. El proceso inflacionario se moderó: se consiguió el pleno empleo y los salarios tuvieron un aumento efectivo de un 40 por ciento. El gobierno anterior, presidido por el demócrata cristiano Eduardo Frei, había iniciado un proceso de chilenización del cobre. Lo único que hizo fue comprar el 51 por ciento de las minas, y sólo por la mina de El Teniente pagó una suma superior al precio total de la empresa. La Unidad Popular recuperó para la nación con un solo acto legal todos los yacimientos de cobre explotados por las filiales de compañías norteamericanas, la Anaconda y la Kennecott. Sin indemnización: el gobierno calculaba que las dos compañías habían hecho en 15 años una ganancia excesiva de 80.000 millones de dólares.

La pequeña burguesía y los estratos sociales intermedios, dos grandes fuerzas que hubieran podido respaldar un golpe militar en aquél momento, empezaban a disfrutar de ventajas imprevistas, y no a expensas del proletariado, como había ocurrido siempre, sino a expensas de la oligarquía financiera y el capital extranjero. Las fuerzas armadas, como grupo social, tienen la misma edad, el mismo origen y las mismas ambiciones de la clase media y no tenían motivo, ni siquiera una coartada, para respaldar a un grupo exiguo de oficiales golpistas. Consciente de esa realidad, la Democracia Cristiana no solo no patrocinó entonces la conspiración de cuartel, sino que se opuso resueltamente porque la sabía impopular dentro de su propia clientela. Su objetivo era otro: perjudicar por cualquier medio la buena salud del gobierno para ganarse las dos terceras partes del Congreso en las elecciones de marzo de 1973. Con esa proporción podía decidir la destitución constitucional del presidente de la república.

La Democracia Cristiana era una grande formación inter-clasista, con una base popular auténtica en el proletariado de la industria moderna, en la pequeña y media industria moderna, en la pequeña y media propiedad campesina, y en la burguesía y la clase media de las ciudades. La Unidad Popular expresaba al proletariado obrero menos favorecido, al proletariado agrícola, a la baja clase media de las ciudades. La Democracia Cristiana, aliada con el Partido Nacional de extrema derecha, controlaba el Congreso. La Unidad Popular controlaba el poder ejecutivo. La polarización de esas dos fuerzas iba a ser, de hecho, la polarización del país. Curiosamente, el católico Eduardo Frei, que no cree en el marxismo, fue quien aprovechó mejor la lucha de clases, quien la estimuló y exacerbó; con el propósito de sacar de quicio al gobierno y precipitar al país por la pendiente de la desmoralización y el desastre económico. El bloqueo económico de los Estados Unidos por la expropiaciones sin indemnización y el sabotaje interno de la burguesía hicieron el resto. En Chile se produce todo, desde automóviles hasta pasta dentífrica, pero la industria tiene una identidad falsa: en las 160 empresas más importantes, el 60 por ciento era capital extranjero, y el 80 por ciento de sus elementos básicos importados. Además, el país necesitaba 300 millones de dólares anuales para importar artículos de consumo, y otros 450 millones para pagar los servicios de la deuda externa. Los créditos de los países socialistas no remediaban la carencia fundamental de repuestos, pues toda industria chilena, la agricultura y el transporte, estaban sustentados por equipo norteamericano. La Unión Soviética tuvo que comprar trigo de Australia para mandarlo a Chile, porque ella misma no tenía y a través del Banco de la Europa del Norte, de París, le hizo varios empréstitos sustanciosos en dólares efectivos. Cuba, en un gesto que fue más ejemplar que decisivo, mandó un barco cargado de azúcar regalada. Pero las urgencias de Chile eran descomunales. Las alegres señoras de la burguesía, con el pretexto del racionamiento y de las pretensiones excesivas de los pobres, salieron a la plaza pública haciendo sonar sus cacerolas vacías. No era casual, sino al contrario, muy significativo, que aquel espectáculo callejero de zorros plateados y sombreros de flores ocurriera la misma tarde que Fidel Castro terminaba una visita de treinta días que había sido un terremoto de agitación social.

La última cueca feliz de Salvador Allende

El Presidente Salvador Allende comprendió entonces, y lo dijo, que el pueblo tenía el gobierno pero no tenía el poder. La frase más alarmante, porque Allende llevaba dentro una almendra legalista que era el germen de su propia destrucción: un hombre que peleó hasta la muerte en defensa de la legalidad, hubiera sido capaz de salir por la puerta mayor de la Moneda, con la frente en alto, si lo hubiera destituido el congreso dentro del marco de la constitución.

La periodista y política Rossana Rossanda, que visitó a Allende por aquella época, lo encontró envejecido, tenso y lleno de premoniciones lúgubres, en el diván de cretona amarilla donde había de reposar el cadáver acribillado y con la cara destrozada por un culatazo de fusil. Hasta los sectores más comprensivos de la Democracia Cristiana estaban entonces contra él. "¿Inclusive Tomic?" -le preguntó Rossana.-"Todos", contestó, Allende.

En vísperas de las elecciones de marzo de 1973, en las cuales se jugaba su destino, se hubiera conformado con que la Unidad Popular obtuviera el 36 por ciento. Sin embargo, a pesar de la inflación desbocada, del racionamiento feroz, del concierto de olla de las cacerolinas alborotadas, obtuvo el 44 por ciento. Era una victoria tan espectacular y decisiva, que cuando Allende se quedó en el despacho, sin más testigos que su amigo y confidente, Augusto Olivares, hizo cerrar la puerta y bailó solo una cueca. Para la Democracia Cristiana, aquella era la prueba de que el proceso democrático promovido por la Unidad Popular no podía ser contrariado con recursos legales, pero careció de visión para medir las consecuencias de su aventura: es un caso imperdonable de irresponsabilidad histórica. Para los Estados Unidos era una advertencia mucho más importante que los intereses de las empresas expropiadas; era un precedente inadmisible en el progreso pacífico de los pueblos del mundo, pero en especial para los de Francia e Italia, cuyas condiciones actuales hacen posible la tentativa de experiencias semejantes a las de Chile: Todas las fuerzas de la reacción interna y externa se concentraron en un bloque compacto. En cambio los Partidos de la Unidad Popular cuyas grietas internas era mucho más profundas de lo que se admite, no lograron ponerse de acuerdo con el análisis de la votación de marzo. El gobierno se encontró sin recursos, reclamado desde un extremo por los partidarios de aprovechar la evidente radicalización de las masas para dar un salto decisivo en el cambio social, y los más moderados que temían al espectro de la guerra civil y confiaban en llegar a un acuerdo regresivo con la Democracia Cristiana. Ahora se ve con mucha claridad que esos contactos, por parte de la oposición no eran más que un recurso de distracción para ganar tiempo.

La CIA y el paro patronal

La huelga de camioneros fue el detonante final. Por su geografía fragorosa, la economía chilena está a merced de su transporte rodado. Paralizarlo es paralizar el país. Para la oposición era muy fácil hacerlo, porque el gremio del transporte era de los más afectados por la escasez de repuestos, y se encontraba además amenazado por la disposición del gobierno de nacionalizar el transporte con equipos soviéticos. El paro se sostuvo hasta el final, sin un solo instante de desaliento, porque estaba financiado desde el exterior con dinero efectivo. La CIA inundó de dólares el país para apoyar el Paro Patronal, y esa divisa bajó en la bolsa negra, escribió Pablo Neruda a un amigo en Europa. Una semana antes del golpe se había acabado el aceite, la leche y el pan.

En los últimos días de la Unidad Popular, con la economía desquiciada y el país al borde de la guerra civil, las maniobras del gobierno y de la oposición se centraron en la esperanza de modificar, cada quien a su favor, el equilibrio de fuerzas dentro del ejército. La jugada final fue perfecta: cuarenta y ocho horas antes del golpe, la oposición había logrado descalificar a los mandos superiores que respaldaban a Salvador Allende, y habían ascendido en su lugar, uno por uno, en una serie de enroques y gambitos magistrales a todos los oficiales que habían asistido a la cena de Washington.

Sin embargo, en aquel momento el ajedrez político había escapado a la voluntad de sus protagonistas. Arrastrados por una dialéctica irreversible, ellos mismos terminaron convertidos en ficha de un ajedrez mayor, mucho más complejo y políticamente mucho más importante que una confabulación consciente entre el imperialismo y la reacción contra el gobierno del pueblo. Era una terrible confrontación de clases que la habían provocado, una encarnizada rebatiña de intereses contrapuestos cuya culminación final tenía que ser un cataclismo social sin precedentes en la historia de América.

El ejército más sanguinario del mundo

Un golpe militar, dentro de las condiciones chilenas, no podía ser incruento. Allende lo sabía. No se juega con fuego, le había dicho a la periodista italiana Rossana Rossanda. Si alguien cree que en Chile un golpe militar será como en otros países de América, como un simple cambio de guardia en la Moneda, se equivoca de plano. Aquí, si el ejército se sale de la legalidad. habrá un baño de sangre. Será Indonesia. Esa certidumbre tenía un fundamento histórico.

Las fuerzas armadas de Chile, el contrario de lo que se nos ha hecho creer, han intervenido en la política cada vez que se han visto amenazados sus intereses de clase y lo han hecho con un tremenda ferocidad represiva. Las dos constituciones que ha tenido el país en un siglo fueron impuestas por las armas y el reciente golpe militar era la sexta tentativa de los últimos cincuenta años.

El ímpetu sangriento del ejército chileno le viene de su nacimiento, en la terrible escuela de la guerra cuerpo a cuerpo contra los araucanos, que duró 300 años. Uno de los precursores se vanagloriaba, en 1620, de haber matado con su propia mano, en una sola acción, a más de 2.000 personas. Joaquín Edwards Bello cuenta en sus crónicas que durante una epidemia de tifo exantemático, el ejército sacaba a los enfermos de sus casas y los mataba con un baño de veneno para acabar con la peste. Durante una guerra civil de siete meses en 1891, hubo 10.000 muertos en una sola batalla. Los peruanos aseguran que durante la ocupación de Lima, en la guerra del Pacífico, los militares chilenos saquearon la biblioteca de don Ricardo Palma, pero que no usaban los libros para leerlos, sino para limpiarse el trasero.

Con mayor brutalidad han sido reprimidos los movimientos populares. Después del terremoto de Valparaíso, en 1906, las fuerzas navales liquidaron la organización de los trabajadores portuarios con una masacre de 8.000 obreros. En Iquique, a principios del siglo, una manifestación de huelguistas se refugió en la teatro municipal, huyendo de la tropa y fue ametrallada: hubo 2.000 muertos. El 2 de abril de 1957 el ejército reprimió una asonada civil en el centro de Santiago causando un número de víctimas que nunca se pudo establecer, porque el gobierno escamoteó los cuerpos en entierros clandestinos. Durante una huelga en la mina de El Salvador, bajo el gobierno de Eduardo Frei, una patrulla militar dispersó a bala una manifestación y mató a seis personas, entre ellas varios niños y una mujer encinta. El comandante de la plaza era un oscuro general de 52 años, padre de cinco niños, profesor de geografía y autor de varios libros sobre asuntos militares: Augusto Pinochet.

El mito del legalismo y la mansedumbre de aquel ejército carnicero había sido inventado en interés propio de la burguesía chilena. La Unidad Popular lo mantuvo con la esperanza de cambiar a su favor la composición de clase de los cuadros superiores. Pero Salvador Allende se sentía más seguro entre los carabineros, un cuerpo armado de origen popular y campesino que estaba bajo el mando directo del presidente de la república. En efecto, sólo los oficiales más antiguos de los Carabineros secundaron el golpe. Los oficiales jóvenes se atrincheraron en la escuela de Sub-oficiales de Santiago y resistieron durante cuatro días, hasta que fueron aniquilados desde el aire con bombas de guerra.

Esa fue la batalla más conocida de la contienda secreta que se libró en el interior de los cuarteles la víspera del golpe. Los golpistas asesinaron a los oficiales que se negaron a secundarlos y a los que no cumplieron las órdenes de represión. Hubo sublevaciones de regimientos enteros, tanto en Santiago como en la provincia que fueron reprimidas sin clemencia y sus promotores fueron fusilados para escarmiento de la tropa. El comandante de los coraceros de Viña del Mar, coronel Cantuarias, fue ametrallado por sus subalternos. El gobierno actual ha hecho creer que muchos de esos soldados leales fueron víctimas de la resistencia popular. Pasará tiempo antes de que se conozcan las proporciones reales de esa carnicería interna, porque los cadáveres eran sacados de los cuarteles en camiones de basura y sepultados en secreto. En definitiva, sólo medio centenar de oficiales de confianza, al frente de tropas depuradas de antemano, se hicieron cargo de la represión.

Numerosos agentes extranjeros tomaron parte en el drama. El bombardeo del palacio de la Moneda, cuya precisión técnica asombró a los expertos, fue hecho por un grupo de acróbatas aéreos norteamericanos que habían entrado con la pantalla de la operación Unitas, para ofrecer un espectáculos de circo volador el próximo 18 de septiembre, día de la independencia nacional. Numerosos policías secretos de los gobiernos vecinos, infiltrados por la frontera de Bolivia, permanecieron escondidos hasta el día del golpe y desataron una persecución encarnizada contra unos 7.000 refugiados políticos de otros países de América Latina. Brasil, patria de los gorilas mayores, se había encargado de ese servicio. Había promovido, dos años antes, el golpe reaccionario en Bolivia que quitó a Chile un respaldo sustancial y facilitó la infiltración de toda clase de recursos para la subversión. Algunos de los empréstitos que han hecho los Estados Unidos al Brasil han sido transferidos en secreto a Bolivia para financiar la subversión en Chile. En 1972, el general William Westmoreland hizo un viaje secreto a La Paz, cuya finalidad no se ha revelado. No parece casual, sin embargo, que poco después de aquella visita sigilosa, se iniciaran movimientos de tropa y material de guerra en la frontera con Chile y esto dio a los militares chilenos una oportunidad más de afianzar su posición interna y de hacer desplazamientos de personal y promociones jerárquicas favorables al golpe inminente. Por fin, el 11 de septiembre, mientras se adelantaba la operación Unitas, se llevó a cabo el plan original de la cena de Washington, con tres años de retraso, pero tal como se había concebido: no como un golpe de cuartel convencional, sino como una devastadora operación de guerra.

Tenía que ser así, porque no se trataba de tumbar a un gobierno, sino de implantar la tenebrosa simiente del Brasil, con sus terribles máquinas de terror, de tortura y de muerte, hasta que no quedara en Chile ningún rastro de las condiciones políticas y sociales que hicieron posible la Unidad Popular. Cuatro meses después del golpe, el balance era atroz: casi 20.000 personas asesinadas; 30.000 prisioneros políticos sometidos a torturas salvajes, 25.000 estudiantes expulsados y más 200.000 obreros licenciados. La etapa más dura, sin embargo; aún no había terminado.

La verdadera muerte de un presidente

A la hora de la batalla fina, con el país a merced de las fuerzas desencadenadas de la subversión, Salvador Allende continuó aferrado a la legalidad. La contradicción más dramática de su vida fue ser al mismo tiempo, enemigo congénito de la violencia y revolucionario apasionado y él creía haberla resuelto con la hipótesis de que las condiciones de Chile permitían una evolución pacífica hacia el socialismo dentro de la legalidad burguesa. La experiencia le enseñó demasiado tarde que no se puede cambiar un sistema desde el gobierno sino desde el poder.

Esa comprobación tardía debió ser la fuerza que lo impulsó a resistir hasta la muerte en los escombros en llamas de una casa que ni siquiera era la suya, una mansión sombría que un arquitecto italiano construyó para fábrica de dinero y terminó convertida en le refugio de un presidente sin poder. Resistió durante seis horas, con una metralleta que le había regalado Fidel Castro y que fue la primera arma de fuego que Salvador Allende disparó jamás. El periodista Augusto Olivares, que resistió a su lado hasta el final, fue herido varias veces y murió desangrándose en la Asistencia Pública.

Hacia las cuatro de la tarde, el general de división Javier Palacios logró llegar al segundo piso, con su ayudante, el capitán Gallardo y un grupo de oficiales. Allí, entre las falsas poltronas Luis XV y los floreros de dragones chinos y los cuadros de Rugendas del salón rojo, Salvador Allende los estaba esperando, estaba en mangas de camisa, sin corbata, y con la ropa sucia de sangre. Tenía la metralleta en la mano. Allende conocía bien al general Palacios. Pocos días antes, le había dicho a Augusto Olivares que aquel era un hombre peligroso que mantenía contactos estrechos con la Embajada de los Estados Unidos. Tan pronto como lo vio aparecer en la escalera, Allende le gritó: "Traidor" y lo hirió en una mano. Allende murió en un intercambio de disparos con esta patrulla. Luego, todos los oficiales, en un rito de casta, dispararon sobre el cuerpo. Por último, un suboficial le destrozó la cara con la culata del fusil. La foto existe: la hizo el fotógrafo Juan Enrique Lira, del periódico El Mercurio, el único a quien se permitió retratar el cadáver. Estaba tan desfigurado, que a la señora Hortensia Allende, su esposa, le mostraron el cuerpo en el ataúd, pero no permitieron que le descubriera la cara.

Había cumplido 64 años en el julio anterior y era un Leo perfecto: tenaz, decidido e imprevisible. Lo que piensa Allende sólo lo sabe Allende, me había dicho uno de sus ministros. Amaba la vida, amaba las flores y los perros y era de una galantería un poco a la antigua, con esquelas perfumadas y encuentros furtivos. Su virtud mayor fue la consecuencia, pero el destino le deparó la rara y trágica grandeza de morir defendiendo a bala el mamarracho anacrónico del derecho burgués, defendiendo una Corte Suprema de Justicia que lo había repudiado y había de legitimar a sus asesinos, defendiendo un Congreso miserable que los había declarado ilegítimo pero que había de sucumbir complacido ante la voluntad de los usurpadores, defendiendo la libertad de los partidos de oposición que habían vendido su alma al fascismo, defendiendo toda la parafernalia apolillada de un sistema de mierda que él se había propuesto aniquilar sin disparar un tiro. El drama ocurrió en Chile, para mal de los chilenos, pero ha de pasar a la historia como algo que nos sucedió sin remedio a todos los hombres de este tiempo y que se quedó en nuestras vidas para siempre.

Gabriel García Márquez


Fuente: Radio La Primerísima

 

UNA HISTORIA DE EXITO EN ARGENTINA

GERRY MCDERMOTT, CIENTISTA POLITICO, ESPECIALISTA EN ECONOMIA INTERNACIONAL

Una historia de éxito

Su centro de interés es la competitividad: cómo hacen algunos sectores, regiones o países para crecer y sostener el crecimiento en el tiempo. Aunque parece una historia reservada a países como Corea, McDermott encontró un ejemplo complejo y matizado aquí mismo, en la industria del vino.

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Por Sergio Kiernan

–¿Por qué investigar Argentina si está buscando entender los mecanismos del éxito económico? El nuestro no es un país particularmente exitoso...

–Argentina es muy interesante por la gran variedad de soluciones e iniciativas que se tomaron a niveles por debajo del nacional. Yo quería encontrar historias de éxito pero que convivieran con historias de fracaso, para entender mejor qué hace que estas cosas funcionen. Hay muchas historias de fracasos en el continente, lo que buscaba era la variación, el éxito, el fracaso y la mediocridad. Necesitaba una economía lo suficientemente grande como para ver dentro de una misma industria las variaciones regionales, algo que anduviera bien en una provincia o región, que anduviera más o menos en otra, que fracasara en una tercera. Así empecé, tomando varios sectores y también viendo qué pasaba en Brasil y Chile. Terminé concentrado en autopartes y en la industria del vino.

–¿Por qué esos dos?

–Por un lado, porque hay datos, por otro porque quería estudiar sectores con tecnologías diferentes, estrategias y estructuras empresarias distintas. Y por supuesto, una es industria tradicional y la otra es transformación de materias primas. Pero lo que comparten es que son actividades tradicionales, muy influidas por empresas internacionales y por los mercados exteriores, y son sectores con amplias variantes internas, que producen bienes de muy baja y también de muy alta calidad. También que acusan y mucho las diferentes políticas a nivel nacional, provincial y hasta municipal.

–¿Cómo se investigan estas actividades?

–Con muchas entrevistas en el lugar, con muchas visitas. Debo haber hecho por lo menos cien entrevistas en ambas industrias, a funcionarios, directivos de cámaras, gerentes y líderes técnicos como ingenieros o enólogos. Por otro lado, con el IAE hicimos algo que creo que nunca se hizo en América latina, que es desarrollar un método para medir la competitividad de una empresa. Esto trasciende la ganancia o facturación, porque hay una tremenda volatilidad en esos factores, al menos aquí, con un mercado con tantos problemas. Esos números no te dicen mucho. Entonces, hablando con colegas de Wharton, buscamos medir algo que ya sabíamos: que las compañías compiten no sólo ganando dinero sino desarrollando en el tiempo una serie de capacidades que les permiten innovar sus productos y sus procesos, cambiar. Son capacidades dinámicas, un fenómeno muy bien estudiado hoy en día que se considera clave para el desarrollo.

–¿Y eso cómo se mide?

–Adaptamos algunos métodos usados en países desarrollados. Ya sabíamos que la capacidad de upgrading, de hacer mejoras de un modo continuado, es esencial para industrias como la biotecnología, la electrónica, la automotriz y también la del vino. Para medirlo, desarrollamos dos cuestionarios. Uno usa la Escala Likert, que es algo técnico que básicamente permite graduar de uno a cinco las respuestas. Por ejemplo, pedimos a gerentes que graduaran su capacidad de control de calidad, de introducir novedades y tomar riesgos, de alentar que los empleados sugieran ideas. Y, algo muy importante, cómo y con quién se comunican cuando necesitan resolver un problema, tanto dentro como fuera de la empresa. Cuando se introducen, por ejemplo, nuevas variedades de uva o nuevos varietales, hay un nivel de riesgo y experimentación que buscamos medir porque es central a la cuestión. Es un proceso de aprendizaje que incluye coordinar el experimento con otras firmas, con los proveedores y hasta con la competencia.

–¿Es común este tipo de actitud?

–Las empresas que logran competir globalmente suelen ser bastante planas, tienen una pirámide chata, con pocos jefes, y las ideas circulan rápido, se hacen experimentos y se fracasa sin problemas. Son firmas con equipos que trabajan juntos y se comunican.

–¿Y cuál es el segundo tipo de preguntas que hizo?

–Información sobre qué produce la empresa, qué hicieron, qué hacen, cómo cambiaron sus productos, cuánto invierten en tecnología, cuánto en capacitación. Con esta información se pinta un retrato de la empresa, de su capacidad de generar y manejar la innovación, de generar nuevos roles internos. Esto nunca se había hecho y al llegar la información logramos comenzar un retrato del sector. Al mismo tiempo, con mi equipo invertimos mucho tiempo preguntando a las empresas cómo es su relación con otras empresas, con instituciones y organizaciones. Esto es porque las redes empresariales son muy importantes para la creación y difusión del conocimiento, para acelerar el aprendizaje y difundir nuevas prácticas y standards. Esto es algo que en Wharton investigamos en otras regiones del mundo y sabemos que también es importante otro tipo de institución, pero no queda en claro cuál: algunos lo llaman capital social, que es algo muy difícil de medir. Nosotros tratamos de medirlo también, preguntando cuánto una empresa interactúa con ONG o asociaciones locales, con universidades o entes oficiales. Y muy importante, cuánto se relaciona con las nuevas entidades público/privadas, esas que son formadas por un sector pero con participación del Estado. Fue muy interesante hacer este survey, sobre todo comparando Mendoza y San Juan, donde nos ayudó mucho el Instituto de Desarrollo Rural, que es justamente una de estas instituciones públicas y privadas a la vez.

–¿Por qué es tan importante la competitividad?

–Porque hay que ser competitivo en este mundo para obtener divisas y financiar el crecimiento. Países medianos, como Argentina, no pueden crecer sólo con lo que generan internamente, tienen que exportar para pagar su deuda porque en el ínterin se endeudan para pagar todo tipo de cosas, de hospitales a bonos. Argentina quebró después de la convertibilidad porque si bien el sistema era defendible para controlar la hiper, lo era sólo a corto plazo. En los noventa, el mercado internacional compraba aquí acciones de empresas a privatizar y bonos argentinos, deuda. No hay país que no tenga deuda, pero para pagarla hay que exportar y Argentina sólo exportaba el 10 por ciento del PBI. Para comparar, Chile exporta el 35 por ciento, México el 30, Polonia casi el 40. O sea, si no se exporta, se quiebra, y para exportar hay que competir. Hay que tener una cotización de la moneda normal, pero devaluar no es todo: siempre hay un país más barato que Argentina, siempre está Botswana o Bangladesh.

–Y siempre está Inglaterra, carísima pero exportadora.

–¡Claro! Lo que hay que pensar es qué hacen ellos que no haga Argentina. Por ejemplo, Italia, país donde el Estado funciona mal, que tiene costos laborales muy, pero muy caros. Italia no es un ejemplo, pero se gana la vida con zapatos y ropa de alto nivel y precio. Italia compite no por sus costos sino por lo que agrega, por su capacidad de innovar, y eso lo cobran más. Para cobrar más hay que innovar constantemente, hay que tener una enorme capacidad de cambio. Y esto no es apenas algo de las empresas, es algo de la sociedad. Argentina no estaba creando nada de esto, las empresas no invertían, se perdía la capacidad de innovar. Para bajar costos se despedían ingenieros, se cerraban las oficinas de investigación, diseño y desarrollo. En los noventa, el sesenta por ciento de la producción industrial era de pequeñas o medianas empresas, que no tenían ninguna red de apoyo ni podían crear solas, no tenían escala. Lo que es crucial para Argentina ahora es aprovechar la buena coyuntura de hoy para invertir en la capacidad de innovar en toda la sociedad. Si todo se basa en los costos, en el dólar caro, la ventaja competitiva se va a perder en poco tiempo.

–¿Cómo se mantiene la competitividad?

–Agregando valor. Es la única manera de competir en el mundo. En ciertas industrias, hay que estar al filo, siempre moviéndose hacia arriba. El 87 por ciento de las exportaciones de Chile son cobre, maderas, pescado, vino y fruta fresca. ¿Cómo se sostiene una cosa así? Desarrollando procesos de calidad propios, lo que hace que la fruta chilena sea de excelente calidad y se venda muy cara en Estados Unidos. Desarrollando una industria pesquera de excelente calidad. Cada fruta, cada pescado es individualmente excelente, no es un commodity cualquiera. Los compradores internacionales se fijan en el precio, por supuesto, pero también quieren el producto presentado de una manera específica en un momento específico, y si uno no puede cumplir se queda afuera. La capacidad de cumplir así es bastante compleja y una empresa solita no puede hacerlo, es una economía entera, un país. Y luego la cosa se complica, como en Chile, donde está naciendo un sector de biotecnología que proviene de trabajar con pescado. Es una industria del conocimiento que se paga muy bien.

–Usted encontró un sector así aquí en Argentina, el del vino.

–En Mendoza, que no es un paraíso pero hizo muchas cosas bien. Acá entra lo de comparar dentro de un mismo sector. Por más de un siglo, Mendoza y San Juan tuvieron grandes industrias del vino que hasta los ochenta produjeron enormes cantidades de vino de baja calidad, más que nada para exportar. Hoy, el vino argentino es competitivo, más que nada gracias a Mendoza, que es responsable de la mayoría de las innovaciones. Entonces: ¿qué empezó a hacer Mendoza que no hacía antes? ¿Qué hizo Mendoza que San Juan no hizo o no pudo hacer? La historia es interesante y se puede aplicar a otras regiones e industrias. Lo que hicieron en la provincia fue crear una base amplia para que el desarrollo sea sustentable en el tiempo. Durante diez años crearon o renovaron instituciones público/privadas que no se ven en otras provincias. Estas instituciones proveen a las empresas un repertorio de servicios como bases de datos, laboratorios, entrenamiento, servicios de extensión, programas de exportación, cosas que la mayoría de las empresas no pueden hacer y que el gobierno es incapaz de hacer. Estos son bienes intelectuales que se crearon y se pusieron a disposición del sector, de un modo que les permitió a las empresas aprender más y más rápido, les dio acceso a nuevos conocimientos.

–O sea, un pool de recursos, un ámbito donde circula el conocimiento.

–Y una cosa más, de inmensa importancia: esas instituciones son lugares donde las empresas se encuentran y aprenden a compartir información. Las compañías aprenden muy rápido cuando encuentran cómo compartir la información. La tecnología y el conocimiento agropecuarios no se aprenden de un libro, porque son muy dependientes del contexto en que se aplican, del lugar concreto. No hay un molde que sirva para todos los casos, hay que adaptar todo y experimentar. Si uno tiene varios coordinando experimentos y compartiendo los resultados, se aprende mucho más rápido. Mendoza acertó en esto y por eso más y más de sus empresas tienen conocimientos y procesos más sofisticados, tienen capacidades de innovación en crecimiento.

–¿Por qué ocurrió ahora? ¿Por qué no antes?

–En parte porque en el sector privado ya circulaban estas ideas hace tiempo, pero la diferencia ocurrió en el Gobierno, porque el Estado tiene un rol crítico en esto. Si el Estado es centralista, si aísla el poder de la legislatura y de los actores privados, no hay desarrollo sustentado en el tiempo, se fracasa en lo económico como en lo político. Para fines de los ochenta, Mendoza tenía una seria crisis en el sector agropecuario y en el vitivinícola, con una piedra alrededor del cuello que era la gigantesca bodega estatal Giol. En los noventa, cuando todo el mundo privatizaba, Mendoza hizo algo distinto, transformó a Giol en una federación de cooperativas vitivinícolas, llamada Fecovita. Esto no sólo salvó económicamente a la empresa sino que fue un aprendizaje para el Estado mendocino sobre cómo crear políticas hablando con otros actores, sociales y económicos. Para crear Fecovita, el gobierno hizo 500 encuentros con pequeños productores, porque Giol tenía como proveedores a 4000 pequeños productores. Les propuso ayudarlos a formar cooperativas para que tuvieron poder de manejar la nueva empresa, lo que también fue una movida política importante y astuta. Al mismo tiempo, se buscó involucrar al sector, al gobierno, a los municipios, en solucionar problemas reales. El gobierno aprendió a incorporar actores no oficiales en la elaboración de políticas. Con el tiempo y en especial en el sector del vino, esto se fue institucionalizando, aparecieron instancias y grupos que antes no existían, o las que existían cambiaron mucho. Como por ejemplo, el Inta en Mendoza, que se fortaleció y sofisticó mucho tejiendo redes con el sector privado y con los gobiernos locales, y dándoles más poder a sus consejos asesores locales. Este tipo de gobiernos colectivos tienen una mayor capacidad de resolver problemas y por lo tanto tienen mayor capacidad de innovar. Esto es lo que pasó en Mendoza.

–¿Y qué resultados concretos tuvo este proceso?

–Que hasta antes de la devaluación Argentina estaba progresando en la exportación de vinos, y ya tiene casi el 3 por ciento del mercado total de vinos del mundo. Más importante, cada año se exporta más, se está creciendo al 23 por ciento anual, cada vez se vende vino más caro y fino, y las ventas son en los mercados más sofisticados, Europa, EE.UU. y Japón.

–¿Y San Juan?

–San Juan era muy dependiente de la promoción industrial y los fondos federales. Lo interesante es que ahora están recibiendo muchas inversiones en el sector vitivinícola, gracias a que trabajan con Mendoza y a que están tratando de imitar el modelo que funcionó. Es un cambio muy promisorio, tratando de reparar errores como haber privatizado su bodega estatal, Cavic, de la manera tradicional. La bodega privatizada acabó quebrando. Ahora, hasta la sociedad que agrupa a los grandes productores se dividió, los que quieren un cambio se fueron. Nada de lo que pasó en Mendoza estaba escrito, ni siquiera era esperable viendo la provincia a fines de los ochenta.

 

CHILE RECUERDA PRONUNCIAMIENTO MILITAR

Violencia en aniversario de golpe
Palacio de La Moneda y manifestantes
Chile conmemora el 11 de septiembre el aniversario del golpe militar.

La presidenta de Chile, Michelle Bachelet, repudió la acción de un grupo de manifestantes que lanzó un artefacto incendiario contra el palacio presidencial de La Moneda en Santiago la noche del domingo, en vísperas del aniversario del golpe de estado que llevó al poder en 1973 a Augusto Pinochet.

"Los símbolos patrios como la bandera y La Moneda son símbolos también de la democracia, que pertenecen a todos los ciudadanos. Nadie tiene el derecho de atentar contra La Moneda. La Moneda es el símbolo de la lucha que hicimos muchos para recuperar la democracia", dijo este lunes la mandataria chilena.

La bomba incendiaria causó daños menores a La Moneda.

En dicho edificio murió el entonces presidente Salvador Allende durante el golpe militar del 11 de septiembre de 1973.

Autoridades policiales dijeron haber arrestado a por lo menos 30 personas durante varios enfrentamientos con manifestantes en Santiago, el domingo por la noche.

La policía indicó que uno de los disturbios tuvo lugar durante una marcha de organizaciones de derechos humanos al cementerio general de Santiago, cuando algunos manifestantes erigieron barricadas en las calles.

Los manifestantes conmemoraban a las más de 3.000 personas que murieron o desaparecieron durante el gobierno de facto en Chile, que terminó en 1990.

Rodrigo R. González Fernández
Director
 
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